Por José Luis Cuenca Aladro.
El matador de toros segoviano Víctor Barrio ha visto, por fín, la luz en los últimos días de la campaña taurina española que está a punto de concluir. Desde que comenzó la temporada actual muchos aficionados a los toros y seguidores del diestro grajerano-sepúlvedano-riazano no cesaban de preguntarse, ¿qué pasa con Víctor Barrio que apenas torea? Pues nada, no pasaba nada, ¿qué quieren que pase? Víctor, como la gran mayoría de matadores de toros que componen el escalafón taurino actual, está sufriendo las consecuencias de la grave situación económica por la que atraviesa nuestro país, y a la que, naturalmente no es ajena el mundo del toro. Se dan muchas menos corridas de toros y novilladas que hace algunos años, y las oportunidades escasean para todos.
Sin embargo, Víctor Barrio es un magnífico y responsable profesional que ha sabido permanecer todo el año alerta, entrenándose a diario y tentando machos y vacas continuamente por si las empresas le reclamaban en algún momento. Su dedicación al toro es plena, porque sólo así se puede responder con garantías cuando los empresarios o ayuntamientos te llaman para acudir a sus ferias. Y esto es lo que ha ocurrido con Víctor en las postrimerías del último verano. Cuatro han sido el número de festejos mayores en los que Víctor ha intervenido; tres de ellos en nuestra provincia segoviana (Cantalejo, Sepúlveda y Riaza) y el último, el pasado domingo, en la provincia de Burgos (Medina de Pomar). El balance final ha sido enormemente positivo para el torero en todos los aspectos, y principalmente en el terreno personal.
Yo estuve presente en las plazas de Cantalejo, Sepúlveda y Riaza, y me pareció revivir las tardes de gloria de aquella inolvidable temporada de 2011 (última como novillero) en que Víctor arrasó en todas las plazas donde toreó acumulando puertas grandes y trofeos (un centenar de orejas cortadas).
Le vi pletórico y apabullador el pasado mes de agosto en Cantalejo con un corridón del maestro Pedrés. Cortó 4 orejas rotundas, alternando con Curro Díaz y "Morenito de Aranda". Le volví a ver a los pocos días en Sepúlveda donde desplegó toda su amplia y variada tauromaquia ante sus dos oponentes, esta vez del ganadero Alberto Mateos; desorejó a su pimero y en su segundo realizó una de las faenas más completas y artísticas que recuerdo haberle visto, pero falló a espadas perdiendo los máximos trofeos que tenía de sobra ganados. No tuvo igual suerte en Riaza donde hizo su presentación: el lote que le correspondió no fue el mejor . Los toros, de la misma ganadería de su comparecencia sepúlvedana, de enorme trapío, pero algo flojos y mansurrones, no le dieron apenas opción de lucimiento, aunque cumplió sobradamente. No pude asistir a su último paseíllo en la plaza burgalesa de Medina de Pomar, pero las referencias que me llegan es que tuvo una actuación apoteósica cortando ni más ni menos que 4 orejas a unos magníficos ejemplares de Antonio Bañuelos.
Víctor Barrio ha depurado mucho su técnica, que es lo fundamental y lo que produce la auténtica hermosura del toreo, hoy tan rara. Su toreo es cada vez más natural, suave, templado, rítmico...El toreo es un arte y, como tal, no puede dejar de perseguir la maestría, ha de aspirar nada más y nada menos que a la perfección. Es imprescindible hacerles ver a las nuevas generaciones de toreros que no se pueden copiar las personalidades, porque cada cual tiene la suya. Y Víctor la tiene. Ya lo creo. Sus completísimas y exitosas actuaciones en el tramo final de esta temporada así nos lo confirman.
Ahora ha llegado el otoño y pronto tendremos el invierno encima. Días de campo y duro entrenamiento para "el torero del nordeste segoviano". Momentos para reflexionar e ir diseñando la próxima temporada. Tiempo de visionar vídeos de las grandes faenas del año, como por ejemplo la del maestro Morante en Logroño, Talavante en Mérida, Manzanares en Nimes o la reciente lección del toreo al natural "dictada" por El Cid en la última feria de Otoño madrileña. La meta para Víctor es la de torear cada día mejor con las normas clásicas como bandera: parando, templando y mandando, y, añado yo, cargando la suerte (con el compás abierto el torero alarga, pero no profundiza; la profundidad la toma el torero cuando la pierna avanza hacia el frente, no hacia el costado). Echar la pata p´alante, como se dice popularmente. Eso, entre otras cosas, es torear de verdad: algo que, por desgracia, no vemos muy a menudo.
Lo que hace falta es que Dios reparta suerte y...justicia. Si es así, más bien pronto que tarde Víctor escalará posiciones en el ranking de los matadores de toros. Vocación, afición y mentalización le sobran por arrobas. Su tauromaquia, cada vez más sólida, clásica y valerosa, su toreo auténtico, en definitiva, son toda una garantía. Démosle tiempo al tiempo, la pausa necesaria. Víctor ha vuelto por donde solía. Suerte torero.
Fuente: El Adelantado de Segovia


