Víctor Barrio, doctorado en cuatro años

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Víctor Barrio Hernanz nació en Grajera (Segovia) en 1987. Joven aficionado a los festejos populares en su tierra, no fue hasta los 20 años que decide dar un giro a su vida para comenzar una meteórica y ambiciosa carrera taurina durante la que cosechó importantes triunfos. En tan solo cuatro años tomó la alternativa el 8 de abril de 2012 en Las Ventas de Madrid con El Fundi como padrino y Juan del Álamo como testigo.

En esta entrevista a www.mitaurored.com explica sus inicios, los sacrificios, los triunfos y sus anhelos.

¿Cómo y cuándo le vino la afición a los toros?

La afición a los toros desde que tengo uso de razón. Es para mí una afición desbordante, desde los festejos populares, donde mi padre me llevaba a las fiestas con encierros en Sepúlveda y Riaza. Mi abuelo me llevaba a las corridas de toros de Sepúlveda, su pueblo natal, y veía las corridas cuando se retransmitían a través de TVE, cosa que ahora desgraciadamente no ocurre. Conforme voy creciendo voy haciéndome con un grupo de amigos muy aficionados también a los festejos populares, a ir a varios pueblos de la zona donde hacían encierros, capeas y suelta de reses por las calles. Es entonces cuando empieza realmente mi afición.

¿Cuándo vio posible iniciar su carrera para ser torero?

Yo siempre he visto a los toreros con un respeto y una admiración increíbles. Para mí era muy difícil aquello que ellos hacían delante del toro, eran héroes para mí. Un niño pequeño pensar que quiere ser un héroe es fácil, pero tomar la decisión para intentar serlo, saber todo aquello a lo que hay que renunciar y realizar todos los sacrificios que hay que hacer para conseguirlo pues hacen que cuestionen si uno va a ser capaz. También sabía que era un mundo muy complicado, que muchos lo intentan pero pocos llegan a toreros. Cuando no tienes familia ni contactos en el mundo del toro pensaba que iba a ser todavía mucho más difícil. Para ser torero tendría que irme de mi casa, desplazarme, dejar estudios, dejar el trabajo,… en definitiva, abandonarlo todo por el toro. Yo sabía que no iba a ser fácil. Y hasta los 20 años no estuve totalmente convencido de que era el sueño de mi vida, que debía intentarlo y que estaba totalmente preparado para anteponer el toro por encima del resto de actividades de mi vida.

¿Cómo se formó?

Mi primera idea era la de no perder el tiempo. Sabía de alumnos con cuatro y cinco años en una Escuela Taurina y luego los veía delante del toro y la verdad es que daba cosa verlos. Yo sabía debía tener ciertas cualidades para poder torear y si no las tenía por mucho que trabajase sería imposible llegar. Entonces mi objetivo era ir a las capeas y ponerme delante del toro para intentar encontrar mi valor. Sabía que el valor era una de las cualidades principales y sin él no me podía embarcar en esta aventura. Cuando me vi capaz de ponerme delante de los toros lo que yo llevaba en la cabeza, pensé que era el momento de empezar a aprender a torear, perfeccionar la técnica y adquirir más conocimientos de la tauromaquia. Fue entonces cuando decidí acudir a tentaderos de tapia. A la primera ganadería que acudí fue la del que sería mi apoderado hasta hace poco, Pablo González, y desde ese día hasta hoy, ha sido como un padre para mí.

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